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De pequeña volé en el patio de la casa blanca

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El otro día una de mis mejores amigas, a quién llamaremos Maria, me escribió para decirme que necesitaba hablar por teléfono urgentemente para contarme del sueño que había tenido la noche anterior. Había soñado en cuatro planos distintos con un antiguo amor a quién llamaremos Pablo. En el primero estaban en una sala de juegos y de repente pasaron a la parte superior de un árbol que a la vez era un hongo. Estaban rodeados de animales. Pablo le dijo que los animales eran personas que habían caído bajo una maldición. Y entonces todos se precipitaron al suelo, el cual no era visible desde la altura del árbol-hongo; los animales se convirtieron en personas con ropas muy coloridas y excéntricas. Cerró los ojos y de momento pasó a un cuarto oscuro ahogándose en paquetes envueltos y maletas, y salió al pasillo donde vio una luz cálida — allí estaba Pablo, y de repente vieron una mancha larga y negra con una falda rosada. Comenzaron a correr y llegaron a una puerta. Salieron al cuarto plano, a…

Lela

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LelaTula Singer


As soon as Lelo fell asleep we went out to the balcony for lunch. Lela made mariquitas and black beans, and I cut an avocado for the salad, then dressed it with olive oil and vinegar. We each served ourselves and took the plates outside to eat. Neither one of us spoke while we devoured our food. Once I had finished I gazed at the sea for a few minutes; the water was blue and green and old. When I was younger, we would go down to the coast and swim for hours while Lela sat on the rocks and watched. Enrique was always the first to get out of the water because he hated being the only boy. Soon after, my grandmother would ask us all to get out; the rocks always smelled like excrement and trash. Then she would wrap us up in towels and take us inside and we would drink hot chocolate and eat the tamales she had made for dinner the night before, even though I never liked tamales. When my cousins moved to Miami, we stopped swimming as often, and on the days that we did go down t…

Body and Soul

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Mi abuelo murió hace ya seis meses pero aún así esperaba encontrarlo sentado en su butaca viendo Law and Order como había hecho todos los días los últimos diez años de su vida. El ambiente de la casa de mis abuelos ha cambiado considerablemente desde su muerte, el veinticinco de diciembre. (Él siempre odió la época navideña convencido de que el intercambio de regalos no ha de ser obligatorio, y no fue sorpresa para nadie que partiera el mismo día de Navidad.)Tengo pocos recuerdos de mi abuelo (le decíamos Popo, por alguna razón) ya que en sus últimos años desarrolló un impedimento en el habla y tuvo en general muchos problemas musculares que limitaban el movimimento corporal. En realidad Popo comenzó a morir hace tiempo, y el proceso fue tan lento y agonizante que cuando finalmente falleció fue un alivio para él. Yo por mi parte no quisiera morir después de que muera mi alma. Si sucede así el alma no perdura; por otra parte, cuando muere el cuerpo antes que el alma, se conserva la ese…

Extrañando La Habana

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Llevo dos semanas fuera de Cuba pero a veces siento que aún no me he ido. 

El otro día me sentí una profunda nostalgia; me había encontrado en la maleta un abrigo con olor a La Habana, una mezcla de cigarros y gasolina y gato muerto con un cierto matiz dulce, tipo mango o mar. Ahora nos estamos quedando en la casa que compró mi bisabuelo hace muchos años, en New Hampshire, cerca de un lago inmenso y frío al pie de una cadena montañosa. A mí me gusta estar aquí; por la mañana hay mucha frialdad pero me quedo en cama leyendo; luego, a eso de las once, el sol empieza a coger fuerza, y uno puede salir al muelle a broncearse un poco, o quizás a nadar también. A unos quince minutos hay un pueblecito donde vamos a menudo para tomar helado o para comprar algún adornito de recuerdo, pero generalmente queremos volver inmediatamente a la casa para gozar de la tranquilidad, del perfume de los pinos, del lago congelado. Es un lugar que trae muchos recuerdos de mi infancia, ya que he ido todos los v…

La limitación del pensamiento

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El otro día hablé con mi mejor amiga por teléfono. A pesar de que empezamos hablando de la escuela, nos desviamos de ese asunto y la conversación adquirió una onda filosófica. Cuando colgué con ella me quedé pensando, así que se me ocurrió la idea de reflexionar en el blog. Tocamos varios temas…abrumadores, pero lo que me gustaría comentar ahora es el del lenguaje y el pensamiento.  

Ya sabemos que el pensamiento ocurre en la mente, no en el cerebro; el cerebro no es lo mismo que la mente—esto lo estudiamos en la escuela—ya que el cerebro es lo material o sensible, como lo es el cuerpo, mientras que la mente es más bien lo abstracto e intangible, como lo es el alma. También se sabe que el pensamiento se refleja en el lenguaje, lo cual se define como una capacidad mental para reflejar las ideas que desarrollamos en nuestras mentes. Pues, hay una teoría que estudiamos en filosofía que le comenté a mi amiga mientras chismeábamos por teléfono, aturdidas: me refiero a la hipótesis Sapir-Who…

#blackouttuesday

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Hace muchos años, Baha’U’Llah dijo Tan poderosa es la luz de la unidad que puede iluminar el mundo entero.” Recordé estas palabras mientras miraba las muchas publicaciones de cuadros negros etiquetados con el #blackouttuesday; el racismo nunca ha dejado de ser una espantosa creencia y hoy en día sigue apoderado de demasiadas personas. Para un antirracista esto no podría ser más claro. Sin embargo, también está claro que no basta con hablar del problema. Hoy, conversando por teléfono con mi papá sobre el asunto, me percaté de que a pesar de que ambos detestamos el racismo, lo único que hacíamos al quejarnos era ejercitar nuestras habilidades conversacionales. En realidad las personas a las que tenemos que hacer entender son las que o bien son indiferentes/inconscientes ante la gravedad del asunto, o bien son la causa del problema. Pero no basta con odiar el racismo.  Para atajar el problema hace falta entender la mentalidad del racista. En filosofía estudiamos que existe una doctrina f…

Rutinas

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Los días han perdido la misma secuencia que tenían antes de la cuarentena, y que se supone debería tener un conjunto de días. Las horas se han vuelto repetitivas e indistinguibles, sometidas a las nuevas rutinas que se me han impuesto durante el confinamiento. En realidad, una ruptura minúscula en alguna rutina resalta en mi memoria como un globo rojo en el cielo. Por ejemplo: el miércoles pasado estuve parada una hora en la cola del pollo. Mi vecina nos marcó por la mañana, apenas nos avisó solté el libro que leía y bajé a la bodega de al lado. Me puse el nasobuco turquesa y mientras esperábamos, hablé con la vecina sobre sus gafas, las que compró en Miami, que son súper cómodas y ligeras. Su esposo también estaba pero no participó en la conversación de las gafas. Tocaban dos pollos por persona; después de alrededor de cuarenta y cinco minutos esperando salió el bodeguero a decirnos que quedaban nueve pollos, o sea, ocho para cuatro personas y un pollo suelto para la quinta persona. …